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CUANDO LA VIDA TIENE SENTIDO: EL VALOR DE LAS ACTIVIDADES SIGNIFICATIVAS EN LA VEJEZ

Las actividades significativas contribuyen a mantener la capacidad funcional, promover la autonomía y mejorar el bienestar de las personas mayores. Pero, sobre todo, nos permiten seguir conectados con aquello que da sentido a nuestra vida.

En los centros de atención de larga duración se escuchan historias. Algunas se cuentan en voz alta; otras se intuyen en miradas, gestos y silencios. Historias de vidas que no se detienen por el simple hecho de envejecer. Porque la vejez no es un final, sino una etapa más de la vida, que merece ser vivida con dignidad, propósito y emoción.

En este contexto, hablar de capacidad funcional puede parecer una cuestión técnica. Pero, en realidad, detrás de este concepto se esconde algo profundamente humano: la posibilidad de seguir haciendo aquello que nos conecta con quienes somos.

La evidencia científica es contundente: mantener la funcionalidad es uno de los factores que más influye en la salud y la calidad de vida durante la vejez, incluso más que la presencia de enfermedades crónicas. Por ello, protegerla y potenciarla debería ser una prioridad; y una de las mejores maneras de hacerlo es a través de las llamadas actividades significativas.

La capacidad funcional y las actividades significativas están profundamente interrelacionadas: la primera determina qué puede hacer una persona, mientras que las segundas dan sentido, motivación y propósito a esas acciones.

Potenciar la capacidad funcional a través de actividades con sentido se convierte en una necesidad, ya que es una de las formas más eficaces y humanas de prevenir el deterioro, promover la autonomía y mejorar la calidad de vida en la atención de larga duración.

Actividades como levantarse para preparar un café, elegir la ropa del día, cuidar una planta, escribir una carta, escuchar nuestra música favorita… Son acciones pequeñas, sí, pero de gran valor. La persona que las elige lo hace porque le generan placer, tienen sentido y la conectan con quien es.

Cuando preguntamos «¿Qué te gusta?», «¿Qué te hace sentir bien?», «¿Qué te gustaría volver a hacer?», estamos diciendo, en realidad: «Tu vida importa. Tú importas.» Es reconocer que cada persona tiene una historia, unos deseos, unas capacidades y una manera única de estar en el mundo.

Incorporar este tipo de actividades en la atención de larga duración no es solo una estrategia terapéutica, sino un acto de respeto. Nos permite acompañar a las personas mayores para que continúen siendo ellas mismas, ofreciéndoles la oportunidad de vivir, y no solo de recibir atención.

Los beneficios físicos y cognitivos que aporta este enfoque son indudables. Menos deterioro, más movilidad, un mejor estado de ánimo y una mayor participación. Pero hay algo que es mucho más valioso: la recuperación del sentido.

Cuando una persona vuelve a sentirse útil, cuando se reconoce en aquello que hace, cuando siente que todavía tiene algo que aportar, su mundo cambia. Y también cambia el de las personas que la rodean: profesionales que se emocionan, familias que vuelven a ver gestos que creían perdidos y compañeros que se animan a participar.

Porque, al fin y al cabo, lo que todos necesitamos es sentir que nuestra vida tiene sentido. Y ese sentido, muchas veces, se encuentra en las pequeñas cosas que nos hacen vibrar.

Mónica PÉREZ
Psicóloga de la Residencia y Centro de Día Can Boada

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