Habitaciones individuales MM

La residencia se consolida como un referente en el Maresme en la innovación en servicios residenciales y marca un camino que probablemente seguirán otros centros en los próximos años.

El centro residencial El Mirador de Mataró, integrado en el Grupo VIMA, ha dado un paso adelante en su manera de entender la atención a las personas mayores con la puesta en marcha de un nuevo servicio de habitaciones individuales. La iniciativa responde a la evolución de las necesidades de las familias y de los residentes, que cada vez valoran más disponer de un espacio propio, íntimo y personalizable.

Desde hace años, el centro contaba con apartamentos inicialmente pensados para matrimonios. Con el tiempo, sin embargo, la realidad ha cambiado: muchas personas mayores llegan solas al centro y expresan la necesidad de contar con una habitación propia. “Nos encontrábamos con que muchos residentes y familias nos pedían más intimidad”, explican desde la dirección. “Las personas mayores han evolucionado y también necesitan sentir que tienen un espacio propio”. Esta reflexión ha sido el punto de partida para transformar parte de los espacios y destinarlos a habitaciones individuales.

El proceso de remodelación no ha sido sencillo, pero el resultado compensa con creces el esfuerzo. Las nuevas habitaciones disponen de una cama articulada, mesilla de noche, cómoda y un baño totalmente adaptado. También incluyen una mesa con silla, pensada para que los residentes puedan compartir momentos con familiares o amigos dentro de su espacio privado. Uno de los aspectos más destacados es la personalización. Los residentes pueden traer objetos personales —fotografías, cuadros, plantas o pequeños muebles— para decorar y dar identidad propia a su habitación. “La única limitación es no realizar modificaciones estructurales, pero queremos que cada persona sienta que este es su lugar, su hogar”, puntualizan desde la dirección.

BENEFICIOS EMOCIONALES Y SOCIALES

Los primeros residentes que ya ocupan las habitaciones individuales aseguran que la experiencia es muy positiva. “Han ganado en bienestar emocional y en confort”, destaca el equipo del centro. Disponer de un espacio propio no significa aislamiento; al contrario, muchos residentes reciben visitas con mayor comodidad y también invitan a otros compañeros a pasar ratos juntos.

Es el caso de la Sra. Carmen Lecha, residente desde hace seis años. Hasta ahora compartía habitación con una compañera con la que había establecido un vínculo especial, pero reconoce que el cambio ha sido un privilegio: “Tengo mi propio espacio y lo puedo compartir con la familia y las amigas. Muchas tardes nos reunimos en mi habitación para jugar al parchís y charlar”. La tranquilidad y la independencia son los aspectos que más valora de esta nueva etapa.

La dirección de El Mirador explica que esta apuesta forma parte de un plan de mejora continua. Ahora quieren observar la respuesta de familias y residentes y, en función de la demanda, valorar nuevas ampliaciones. El objetivo es mantener el equilibrio entre espacios comunes y privados para garantizar que el centro sea, a la vez, un lugar de convivencia y de intimidad.

El gran reto ha sido encontrar un modelo que respete la intimidad personal sin renunciar a la vida comunitaria que caracteriza al centro. En este sentido, las habitaciones individuales no sustituyen las actividades compartidas ni la convivencia diaria, sino que aportan una nueva dimensión de confort y respeto a la singularidad de cada residente. “Cuando las personas mayores pueden decidir cómo quieren vivir su día a día, se sienten más satisfechas”, apuntan los responsables. “El hecho de disponer de un espacio propio y, al mismo tiempo, mantener la relación con otros compañeros genera un equilibrio muy saludable”.

Noticia aparecida en la revista Cap Gros: Leer aquí

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